Destinados a la vida: la vejez como camino hacia la plenitud
En una época marcada por la prisa, la productividad y el culto a la juventud, el arzobispo Vincenzo Paglia, presidente de la Pontificia Academia para la Vida, nos ofrece una obra profundamente necesaria: Destinados a la vida. Menos supervivencia, más resurrección.
Este libro no es solo una meditación teológica ni un tratado sobre la vejez. Es un manifiesto cristiano sobre el destino del ser humano, sobre la belleza y la responsabilidad del último tramo de la vida, y sobre la urgencia de redescubrir la escatología como un horizonte vivificador para la Iglesia y para el mundo.
Contra la anestesia del destino
Paglia parte de un diagnóstico lúcido: vivimos en una cultura anestesiada ante la muerte, sin palabras para el destino, sin deseo real de eternidad. En lugar de vivir con la mirada puesta en “la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro”, como proclama el Credo, nos conformamos con una supervivencia individualista, marcada por el miedo y por el consumo. En sus palabras, el hombre contemporáneo “consume la vida para realizarla” y termina, inevitablemente, resignado.
Frente a esta crisis de sentido, el autor no se limita a denunciar. Propone una vía alternativa: la vía del amor. Un camino que no es patrimonio exclusivo de los creyentes, sino que puede ser recorrido también por los hombres y mujeres de buena voluntad. “Todos podemos encontrarnos en esta via amoris, creyentes y no creyentes, religiosos y laicos”, escribe Paglia.
La vejez, una estación espiritual
Uno de los aportes más audaces y originales del libro es la reflexión sobre la vejez no como una decadencia, sino como una vocación espiritual. Paglia recupera la sabiduría bíblica, patrística y contemporánea para mostrar que en la ancianidad no termina la vida activa, sino que comienza un nuevo tipo de fecundidad: la del testimonio, la oración, la transmisión de la memoria y el acompañamiento.
Desde el monte de los años, como Moisés en el Nebo, los ancianos contemplan la tierra prometida. Y a diferencia de Moisés, gracias a Cristo resucitado, pueden entrar en ella. Por eso, para Paglia, la vejez no es un tiempo de despedida, sino de madurez escatológica. Es el momento de enseñar a los más jóvenes el arte de envejecer, el arte de morir y, sobre todo, el arte de esperar.
En este sentido, el libro es también una propuesta cultural y pastoral. Denuncia el descarte de los ancianos y el empobrecimiento espiritual de una sociedad que se avergüenza de la fragilidad. Pero al mismo tiempo invita a inventar una nueva vejez: activa, solidaria, consciente de su misión y abierta a Dios. “Sin destino no hay deseo”, escribe el autor. Recuperar el destino es volver a desear con fuerza.
Escatología y esperanza cristiana
El núcleo del libro es una profunda meditación sobre las últimas realidades: la muerte, la resurrección, el juicio, la vida eterna. Pero no como un tratado especulativo, sino como una palabra viva para el presente. La escatología, para Paglia, no es una amenaza ni un consuelo para débiles. Es la afirmación radical de que Dios nos quiere con Él. De que no fuimos creados para la nada, sino para vivir en plenitud con Él y con los demás.
A lo largo del texto, Paglia aborda con valentía cuestiones como el acompañamiento al moribundo, la dignidad del cuerpo, la importancia del rito funerario, el verdadero rostro del juicio final, la comunión de los santos y el paraíso como fiesta para todos los pueblos. En todo momento se respira un tono esperanzado, sereno, profundamente evangélico.
El libro, además, dialoga con las grandes voces del pensamiento cristiano del siglo XX y XXI (von Balthasar, Guardini, Riccardi, Clément, Sequeri), y se sitúa en línea con las intuiciones del papa Francisco en Fratelli tutti, Laudato si’ y sus catequesis sobre la vejez.
Un libro urgente para una Iglesia en salida
Destinados a la vida es, en definitiva, una llamada a la conversión pastoral y cultural. Una invitación a dejar de pensar la vejez como un problema y a redescubrirla como un recurso. A recuperar la fe en la resurrección, no como un añadido doctrinal, sino como el centro de la buena noticia cristiana.
En tiempos de nihilismo alegre y de falsas promesas de inmortalidad tecnológica, este libro es una voz clara que proclama: sí, hay un destino. Y ese destino es la vida plena en Dios, comenzada ya en el amor concreto, aquí y ahora.
–
–