La aventura de los textos cristianos

La historia del cristianismo no puede entenderse sin la historia de sus textos. Antes de convertirse en libros leídos, comentados, copiados, traducidos y discutidos a lo largo de los siglos, las Escrituras recorrieron un camino largo, complejo y fascinante. Ese itinerario es el que reconstruye Giovanni Maria Vian en Los libros de Dios. Breve historia de los textos cristianos, publicado por Ediciones Cristiandad: un libro accesible y erudito a la vez, que permite al lector adentrarse en la formación, transmisión e interpretación de la Biblia y de la literatura cristiana.

Historiador, filólogo y periodista, Giovanni Maria Vian ha dedicado su vida al estudio del cristianismo antiguo y de sus fuentes. Catedrático durante décadas en La Sapienza de Roma y director emérito de L’Osservatore Romano, Vian propone en este volumen una síntesis luminosa sobre una cuestión decisiva: cómo nacieron, circularon y llegaron hasta nosotros esos “libros de Dios” que han marcado la historia espiritual y cultural de Occidente.

Esta misma preocupación aparece con claridad en la entrevista que concedió a Le Figaro, con motivo de la publicación en Francia, bajo el titular: «C’est le fondamentalisme qui trahit le sens de la Bible». En ella, Vian resume una de las claves de su obra: la Biblia no nació de una vez ni cayó del cielo como un bloque homogéneo, sino que es el fruto de un proceso histórico, religioso y cultural de larguísima duración.

Una historia de más de mil años

En la conversación con Jean-Marie Guénois, Vian recuerda que los textos sagrados judíos y cristianos son el resultado de un proceso lento que se extiende durante más de un milenio. Todo comienza con antiguas tradiciones orales del pueblo de Israel y culmina, ya en el siglo I de nuestra era, con la redacción de los libros del Nuevo Testamento. Esta afirmación, lejos de debilitar el valor de la Escritura, la sitúa en su verdadero contexto: la revelación se transmite en la historia y por medio de hombres concretos, comunidades concretas y lenguas concretas.

Uno de los puntos más interesantes que destaca Vian es la importancia decisiva de la traducción. Según explica, si los textos hebreos no hubieran sido traducidos al griego —la gran lengua común del Mediterráneo oriental—, probablemente su destino habría sido muy distinto. Quizá habrían quedado relegados, como sucedió con otras literaturas religiosas antiguas hoy conocidas solo por especialistas. La traducción al griego abrió esos textos a un horizonte universal y preparó, en cierto modo, su recepción cristiana.

Esta observación ayuda a entender bien el alcance del libro de Vian. Los libros de Dios no cuenta solo la historia de unos textos, sino también la historia de su expansión: de qué manera las Escrituras pasaron de un ámbito concreto a convertirse en una biblioteca viva para pueblos, épocas y culturas muy diversas.

Biblia judía y Biblia cristiana

Otra cuestión fundamental que Vian aborda es la relación entre la Biblia judía y la Biblia cristiana. En la entrevista explica que el Tanakh, la Escritura del judaísmo, es más breve que la Biblia cristiana, porque esta incorporó otros libros judíos y, además, el Nuevo Testamento. Pero subraya también algo muy importante: la continuidad entre ambos mundos.

Para el cristianismo naciente, la Escritura de Israel no era un libro ajeno, sino la palabra de Dios recibida y releída a la luz de Cristo. A ella se añadieron después los escritos cristianos más antiguos, especialmente las cartas de Pablo y los Evangelios, hasta configurar el canon. Esta formación del canon —otro de los grandes temas del libro— no fue el resultado de un capricho tardío, sino de un reconocimiento progresivo por parte de las comunidades cristianas.

Dos mil años después, esa herencia común sigue siendo uno de los elementos más sólidos de la tradición cristiana, aun con las diferencias menores que existen entre católicos, ortodoxos y protestantes.

Del “Cristo de la fe” al “Jesús de la historia”

Frente a muchos tópicos contemporáneos, Vian sostiene una idea muy relevante: no se puede negar el valor histórico de los Evangelios. Aunque fueron escritos entre los años 60 y 90 del siglo I, han sido objeto de un estudio continuo y riguroso. Por eso, afirma que hoy existen más perspectivas y más optimismo científico para acercarse al “Jesús de la historia” que hace algunas décadas, cuando parecía imposible tender un puente entre la fe de la Iglesia y la investigación histórica.

Este equilibrio entre fe e historia, entre veneración e investigación, recorre todo Los libros de Dios. El libro de Vian no cae ni en la ingenuidad ni en el escepticismo. Se sitúa más bien en el terreno fértil de una inteligencia creyente que sabe que la verdad no teme el estudio, y que la historia de los textos sagrados no destruye su significado, sino que lo hace más inteligible.

La interpretación: una tradición viva

Uno de los mayores méritos del libro es mostrar que la Biblia nunca ha existido sola. Desde muy pronto estuvo rodeada de comentarios, traducciones, glosas, homilías, controversias y lecturas espirituales. Vian recuerda la importancia de los Padres de la Iglesia, que hicieron con la Escritura algo semejante a lo que los comentaristas judíos habían hecho ya con sus propios textos: leerla sin agotarla, interpretarla sin clausurarla.

La frase de san Gregorio Magno que Vian cita resulta especialmente iluminadora: “La Escritura crece con quienes la leen”. Es una idea decisiva. La palabra revelada no cambia en su verdad, pero sí despliega su fecundidad a medida que atraviesa generaciones, lenguas y contextos. Por eso la historia de los textos cristianos no es una historia cerrada, sino una tradición viva.

En este punto aparece uno de los grandes protagonistas del libro: san Jerónimo. Vian subraya su papel decisivo en la traducción latina del Antiguo Testamento a partir del hebreo, un trabajo que daría lugar a la Vulgata, la Biblia de referencia para el Occidente cristiano durante siglos. Sin san Jerónimo, afirma, el cristianismo sería más pobre. No solo por la calidad filológica de su trabajo, sino porque ayudó a dar forma a toda una civilización de la Escritura.

El peligro del fundamentalismo

Quizá la afirmación más llamativa de la entrevista es precisamente la que le da título: “Es el fundamentalismo el que traiciona el sentido de la Biblia”. Vian lo dice con claridad cuando le preguntan si las traducciones han traicionado alguna vez el sentido del texto. Sí, responde en parte; pero más aún lo han hecho las interpretaciones fundamentalistas, demasiado pegadas a la letra y ciegas ante la riqueza de la tradición, del lenguaje y de la historia.

Se trata de una reflexión muy actual. Leer la Biblia literalmente, como si fuera un texto plano, sin géneros literarios, sin mediaciones históricas, sin tradición interpretativa y sin vida eclesial, no la protege: la empobrece. La Escritura no se comprende mejor cuando se arranca de la historia, sino cuando se la lee en profundidad, en continuidad con la gran tradición cristiana y con las herramientas de la inteligencia.

En este sentido, Los libros de Dios es también una invitación a una lectura madura de la Biblia: una lectura creyente, sí, pero no simplista; reverente, pero no acrítica; abierta al misterio, pero también al trabajo paciente de filólogos, copistas, traductores, impresores y comentaristas.

Un libro necesario hoy

En un tiempo de simplificaciones, de consignas rápidas y de aproximaciones superficiales al hecho cristiano, Los libros de Dios ofrece algo poco frecuente: profundidad sin oscuridad. Giovanni Maria Vian logra explicar de manera clara asuntos complejos y hacerlo, además, con una convicción de fondo: comprender mejor la historia de los textos cristianos ayuda también a comprender mejor nuestro presente.

Porque estos libros no pertenecen solo al pasado. Siguen planteando preguntas decisivas sobre la verdad, la tradición, la interpretación, la transmisión de la fe y el destino del hombre. Y siguen iluminando, como sugería Vian al final de su entrevista en Le Figaro, los momentos de crisis, oscuridad y desconcierto. Los “libros de Dios” acompañan la aventura humana no porque nos ahorren el mal o el sufrimiento, sino porque ayudan a atravesarlos con una inteligencia más honda de la historia y de la esperanza.

Con Los libros de Dios. Breve historia de los textos cristianos, Ediciones Cristiandad pone en manos del lector una obra de referencia, escrita por uno de los grandes conocedores europeos de la materia. Un libro para quienes aman la Biblia, para quienes desean entender mejor la tradición cristiana y para quienes saben que la historia de la fe también se escribe en pergaminos, códices, traducciones y bibliotecas.