Redescubrir el poder de la confianza
El pasado 17 de mayo de 2025 se cumplió un siglo desde que Santa Teresa de Lisieux, la joven carmelita de Normandía, fue elevada a los altares por el papa Pío XI. Con apenas 24 años a la hora de su muerte, Teresa parecía haber llevado una vida insignificante a los ojos del mundo. Y sin embargo, su santidad humilde, escondida y radicalmente confiada en el amor de Dios ha tocado el corazón de millones de personas desde entonces.
Con motivo del centenario de su canonización, queremos no solo recordar su figura, sino volver a escuchar su mensaje. Un mensaje que no ha perdido fuerza con el paso del tiempo, sino que resuena con nueva urgencia en un mundo desgastado por la ansiedad, la autosuficiencia y la pérdida del sentido del amor gratuito.
Un camino para los pequeños
Teresa de Lisieux nació en 1873 y murió en 1897, pero su vida interior es de una profundidad que sigue asombrando a teólogos, pastores, fieles y buscadores de todos los tiempos. En su Historia de un alma, escrita por obediencia poco antes de morir, reveló lo que ella misma llamó su «pequeño camino»: una forma de vivir la fe marcada por la simplicidad, la confianza absoluta en el amor misericordioso de Dios y el abandono de todo afán de grandeza espiritual.
“No puedo hacerme santa por mí misma —escribía—, pero quiero buscar un medio de ir al cielo por un pequeño camino muy recto, muy corto, un pequeño camino enteramente nuevo.” Ese camino no era otro que el del niño que se deja llevar en brazos, el de quien no se fía de sus méritos, sino de la bondad del Padre. Esta revolución espiritual, que pone la confianza y no el esfuerzo en el centro del crecimiento cristiano, ha sido para muchos un descubrimiento liberador.
El impacto de su espiritualidad fue tan grande que, en solo 28 años desde su muerte, la Iglesia reconoció su santidad con la canonización, y más tarde con el nombramiento como doctora de la Iglesia en 1997, por san Juan Pablo II. Teresa es hoy patrona de las misiones y modelo de los que desean amar sin medida en lo pequeño, en lo oculto, en lo cotidiano.
Una respuesta para el mundo actual
¿Qué puede ofrecer hoy Teresa de Lisieux a una Iglesia cansada, a unos creyentes a menudo inquietos, exigentes con ellos mismos, e incluso paralizados por la sensación de no estar a la altura? Precisamente eso: una confianza radical. Un abandono confiado, lleno de paz, al Dios que es más Padre que juez, más misericordia que medida.
En palabras de Jacques Philippe, autor ampliamente reconocido por su capacidad de traducir la sabiduría espiritual a un lenguaje contemporáneo: “El gran error del alma es no confiar en Dios”. Y es ese error —tan común hoy, incluso entre los creyentes— el que intenta sanar con sus ejercicios espirituales recogidos en La confianza en Dios.
Este libro es mucho más que una exposición teórica. Es un acompañamiento espiritual real, una guía para dejarse transformar por el abandono y para descubrir que la confianza en Dios no es debilidad ni ingenuidad, sino una forma profunda de fortaleza.
La confianza en Dios: una lectura teresiana
Aunque La confianza en Dios no trata directamente sobre Teresa de Lisieux, su espíritu recorre todas sus páginas. Jacques Philippe recoge aquí unas meditaciones dirigidas en un retiro, y lo hace desde una vivencia de la espiritualidad como camino de libertad. El corazón del mensaje es simple y poderoso: cuanto más crece la confianza, más libre es el corazón, más plenamente puede amar y más fecunda se vuelve la vida.
En este sentido, el libro conecta profundamente con el “pequeño camino” de Teresa. Porque ella también entendió que el progreso espiritual no consiste tanto en hacer cosas extraordinarias como en dejarse amar y en corresponder con lo que uno tiene. En rendirse al amor de Dios, sin resistencias.
Jacques Philippe dedica páginas luminosas a la relación entre confianza y abandono, entre miedo y amor, entre gracia y libertad. Y lo hace con una delicadeza que no impone, sino que invita. Con la firmeza de quien conoce la fragilidad humana y, al mismo tiempo, la misericordia inagotable de Dios.
Teresa, maestra de confianza
Volver a Teresa en este centenario es también volver a lo esencial. A recordar que, en medio de todos los desafíos contemporáneos —la secularización, el ruido, la crisis de fe, la búsqueda de sentido—, hay una santidad posible. No la de los héroes inaccesibles, sino la de los hijos que se fían. Teresa es maestra de confianza porque fue discípula de la misericordia.
Ella no esperó a “merecer” el amor de Dios. Lo acogió como don. Y por eso su vida, aparentemente sin brillo, fue tan luminosa. Como ha escrito el papa Francisco: “Santa Teresita es la santa de la confianza. Nos enseña que el abandono en Dios, la confianza absoluta en su amor, es el camino más corto, más seguro y más directo hacia la santidad.”
–
–